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sábado, 29 de junio de 2013

La mansión encantada


Iba a ser un fin de semana maravilloso. Elena, una chica del grupo que tiene mucho dinero, nos invitó a pasar el fin de semana en una casa de campo que tenía su familia.
Nos pareció una buena idea y nos organizamos para comprar todo lo que nos hiciera falta e incluso miramos qué autobús nos hacía falta tomar para llegar a ese lugar.
Así, el sábado muy temprano, cargados con nuestras mochilas, cogimos el autobús que nos dejaría en apenas una hora en un pueblecito desde el cual, andando durante diez kilometros entre un enorme bosque, llegaríamos a casa de Elena.

Hacía fresco y parecía que iba a llover, que unido a las ganas de llegar, aligeró nuestra la caminata.
Al salir del bosque nos encontramos con una gran reja y un muro donde terminaba el camino. Tras la reja, una gran mansión que nos hizo estremecer.

Elena abrió la reja y entramos tras ella, que se dirigió directamente a la puerta donde ya esperaba un señor con traje negro y una señora con un vestido largo de igual color. Después de presentarse a Elena como los guardas de la mansión, nos dijeron que pasáramos, abriendo una gran puerta tras la cual había un gran recibidor con unas escaleras enormes blancas. Subimos detrás de ellos en un absoluto silencio y, dirigiéndonos a lo largo de un pasillo enorme, nos distribuyeron por habitaciones.

Al rato bajamos a comer a un salón enorme con una mesa larga. Tanto el salón como las escaleras y el pasillo tenían las paredes cubiertas de cuadros de antepasados. Bromeamos con Elena diciéndole que pronto habría un cuadro suyo colgado en la pared sonriendo.
Tras la comida nos pusimos los bañadores y nos fuimos a un lago que había tras la casa a bañarnos, pero apenas  nos dimos un baño, el cielo empezó a ponerse oscuro y las nubes amenazaban tormenta, por lo que decidimos regresar.
Nos  ducharnos y vestimos para la cena. Luego nos pusimos a curiosear por las habitaciones. Había una gran biblioteca con una gran chimenea y una butaca frente a ella. De repente, apareció el guarda y nos dijo que saliéramos de allí, que era peligroso permanecer en la biblioteca. Nos asustó tanto que salimos corriendo.

Su mujer nos esperaba en la puerta para decirnos que la cena estaba servida. Mientras servía la sopa, Elena le preguntó al guarda por el motivo de tal peligro. Él miró a su mujer y ella movió la cabeza negativamente. Él no dijo nada y mandó a su mujer a que trajera el segundo plato. Cuando salió cerró la puerta y nos habló con voz sigilosa y ojos muy abiertos sobre un tartarabuelo de Elena que fue encontrado sentado en el sillón muerto, decapitado, en una noche de tormenta, sin que hasta la fecha haya aparecido la cabeza. Desde entonces, nadie se atreve a entrar en la biblioteca. Cierto día, el tío de Elena se atrevió a entrar y apareció en iguales circunstancias en una noche de tormenta.
El sonido de la puerta, al abrirse, hizo que todos diéramos un respingo en la silla, era la criada que venía con el resto de la comida.
No volvimos a hablar durante la comida, solo nos mirábamos. El miedo se apoderó de nuestros cuerpos cuando la luz de un rayo iluminó toda la estancia.

Nos fuimos a la habitación de Elena, que era la más grande, y como teníamos miedo decidimos dormir todos juntos.
Estuvimos charlando de cosas del instituto para no pensar en la historia de la biblioteca mientrar la tormenta seguía fuera.
Nos fuimos quedando dormidos, uno tras otro hasta que unas carcajadas y golpes en la puerta nos despertaron.
Saltamos de los colchones y preguntamos quién era, pero nadie contestaba, solo se escuchaban unas carcajadas que erizaban la piel. Ana, que siempre se las daba de valiente, se fue para la puerta y abrió. No había nadie, ni se escuchaban ya las risas, estuvimos toda la noche sin dormir. 
Cuando el sol salió, lo teníamos claro: nos íbamos de allí. La pobre Elena se sentía muy mal.
Salimos con nuestras mochilas  de la casa corriendo y, al llegar a la reja, volvimos la cabeza hacia la casa. Tras el cristal de una gran ventana, pudimos ver al guarda y a su mujer de pie y entre ellos una cabeza de anciano sonriendo.




Una noche entre amigas


Todo sucedió esa noche. Cuatro amigas: Helena, Natalia,Sandra y Rocio, quedaron en la casa de Rocio para dormir. La noche, como todas las noches que dormían juntas, estaba siendo increíble, entre bromas, risas, juegos y confidencias. 
La noche iba bien hasta el momento en que Sandra, la más atrevida y "rebelde" del grupo, les propuso jugar a contar todo tipo de secretos y confidencias, y ellas aceptaron. Primero, llegó el turno de Natalia, la más inocente y miedica del grupo, aunque las más tierna y cariñosa. Ella confesó que le daba miedo la oscuridad y al no ser sorpresa para ninguna de las tres amigas que miraban atentas a Natalia, estas rieron. La siguiente en jugar fue Helena, la más divertida y a veces la más torpe, que confesó que no sabía pronunciar la palabra "dinosaurio" y todas las amigas comenzaron a reír. La siguió  Rocio, quien apoyaba siempre las bromas de Natalia. Esta confesó que estaba loca por Hugo, un chico de su instituto. Todas se quedaron atónitas al saber la noticia, pero más sorprendidas quedaron cuando llamaron por teléfono. Se trataba de Hugo, que las citaba para pasar la noche en una casa abandonada  y, aunque al principio no todas estaban convencidas, cedieron por su amiga y decidieron ir.

Por el camino se encontraron a Hugo y, para el asombro de las chicas, el joven no había sido quien las llamara hacía un rato ni quien las había citado en ninguna casa abandonada. No, no fue él.  Después de convencer a Natalia,  decidieron ir, y además Hugo las acompañaría para salir de dudas.

Al llegar a la casa se quedaron aterrorizadas ya que jamás se habían fijado en como de horrible y grande era la casa : era de piedra y estaba medio derruida por el tiempo y  con muchas marcas oscurecidas en techos y paredes, debido a un antiguo incendio. En el jardín que la rodeaba había diferentes plantas, hierbas y matorrales que habían crecido salvajes a sus anchas, diversos animalillos que habían establecido ahí su hogar, era una verdadera casa terrorífica y con un ambiente no muy agradable.

Al entrar pudieron observar muebles antiguos, que en otra época debieron tener gran valor, en el techo unas lamparas grandísimas colgaban.  En las paredes colgaban enormes cuadros preciosos, pero deteriorados por el tiempo y el fuego, ya que estaban quemados. El suelo lucía unas losetas de piedra verde y otro color que no se podía diferenciar bien por el polvo y las cenizas. Al final de esa sala, que sería la entrada, unas estrechas escaleras llenaban la habitación, pero, al final de las escaleras, dos grandes sombras asomaban. Las cuatro amigas se quedaron blancas del miedo, y Hugo, que fue el único en poder reaccionar, sacó su móvil para poder alumbrar mejor. Ahí estaban, eran dos niñas muy pálidas, una rubia y la otra morena, ambas con unos cabellos largos y rizados y unos ojos marrones especiales, sus caras eran muy pálidas y su rostro era desgarrador. Hugo, que se dio cuenta de que sus amigas no podían ni articular palabra, les preguntó quiénes eran y qué hacían allí. Estas se llamaban Diana y Carolina y ambas habían sido llamadas por teléfono al igual que las cuatro protagonistas. Tras esa coincidencia, los siete decidieron seguir investigando.

Todas las habitaciones estaban igual de oscuras y quemadas. No se sabía el por qué pero intuían que algún misterio  encerraba esa casa. Los siete jóvenes iban habitación por habitación, puerta por puerta, rincón por rincón, intentando encontrar al anónimo que realizó la llamada. Hasta que una de las jóvenes observó en el suelo algo blanco, era una carta que decía :

Para quien lea este aviso  ya será demasiado tarde. Somos dos niñas que pedimos ayuda porque nuestro padre se ha vuelto loco ¡y está quemando nuestra casa!... Vivimos en la calle Torre Vieja nº2 ¡Ayúdenos!

                                                                                                              12/6/1975

Las niñas se quedaron atónitas.  Esa era la casa donde ahora mismo estaban y había transcurrido  carta  exactamente 38 años desde que se escribió esa carta. Estaban muertas de miedo, pero de pronto una de las amigas se dio cuenta de que faltaban las dos niñas  que se encontraron al principio. Empezaron a buscarlas, recorriendo toda la casa.

Volvieron otra vez retrocediendo hacia las habitaciones en las cuales ya habían buscado al "anónimo". Ahora buscaban a dos niñas que habían desaparecido de la nada.  Empezaron a oír pasos aproximándose poco a poco a la habitación donde se encontraban los cinco amigos. Ellas estaban muertas de miedo hasta que una voz gritó: "¡BUUU! ¡Soy un fantasma". Ellas comenzaron a gritar y numerosas linternas se encendieron a la vez y fue entonces cuando pudieron comprobar que tan solo se trataba de los amigos de Hugo, Javi y Bruno ya que estos le habían gastado una broma a las cuatro ilusas.

Los tres amigos invitados por Rocio fueron a  su casa y ahí empezaron a comentar la broma. Una de las amigas se acordó de las dos niñas  sin saber todavía quiénes eran. Sacaron la carta para leerla. Lo curioso y, a la vez, escalofriante era que ambas niñas no participaron en  la broma y que jamás las habían visto.

¿realidad o infierno?

  
CAPITULO 1.  EL ENCUENTRO
Me despierto como cada día y voy al instituto, pero, al igual que siempre, la humareda que suelta la corporación REI cubre toda la ciudad. Llevamos casi 8 años con esa innecesaria corporación en el pueblo, nadie sabe para qué sirve ni qué fabrica; simplemente, ese edificio con la similitud de una mano permanece ahí plantado.
En el camino al instituto, me encontré con la novia de mi amigo y estuvimos conversando de un extraño rumor que se había difundido por el pueblo. Se decía que en el pueblo empezaba a aparecerse por las noches una mujer con un extraño  pelo, que tenía un  color rojizo como el de la sangre , con una bata de enferma con salpicaduras de sangre y con una katana en cada mano.  Lo realmente extraño es que nadie podía afirmar haber visto a alguien con esa apariencia por el pueblo. Al fin y al cabo era un simple rumor que rondaba y que al cabo del tiempo se acabaría olvidando.
Al acabar las clases, quedé con un amigo para el repaso  de un examen que teníamos al día siguiente. Mientras iba a su casa, empecé a percibir un extraño ruido detrás de mí. Era como si estuviesen arrastrando algo de metal, pero, al girarme, no había nadie. Pensé que había sido producto de mi imaginación. 
Cuando llegué a su casa, nos pusimos a estudiar y, al cabo de un rato,me fui a la mía. Ya era de noche, las calles estaban desiertas como si todo el mundo hubiera desaparecido. De repente, oí un grito proveniente de un callejón paralelo a mi casa. Allí  estaba la persona que estuvo hablando con Riku, pero no era una mujer era una niña y además herida. Estaba en el suelo tirada rodeada de sangre. Yo rápidamente fui a ayudarla, pero nada más rozarla, vinieron una serie de imágenes en las que aparecía ella sufriendo diversos experimentos en una pequeña sala y,al terminar de verlas, me desmallé.
Me desperté desorientado sin saber dónde estaba, pero, nada más abrir los ojos, empecé a llorar sin razón alguna. Tomé conciencia cuando la vi a los pies de la cama con esos ojos azules zafiros tan llenos de sentimientos que, con solo una mirada, podías ver y sentir lo mismo que ella. Me recompuse rápido y le pregunté si estaba bien, si estaba herida y me dijo que no tenia nada. "Gracias a Dios",  pensé. Le pregunté sobre ella y sobre su familia.  Me respondió diciendo que se llamaba Senc, que tenia 9 años y que no tenia familia, que provenía de la gran corporación REI, que allí se realizaban una serie de experimentos con humanos y animales, que ella era el primer experimento que salió bien.  Los experimentos consistían en alterar el ADN de las personas y animales para aumentar todos sus poderes físicos, psíquicos y de regeneración, pero que en las situaciones que no había compatibilidad con la sustancia K, quien hubiera tenido contacto con ella, cambiaba físicamente y entraba en un estado de locura por el que iba matando a cualquier persona que se cruzara por el camino. De estos habían tres experimentos escapados por la ciudad y ella se escapó para acabar con toda esta corporación. Para ello, tenia que acabar primero con los tres experimentos fallidos, de momento había eliminado a dos de ellos.
Yo sin dudarlo un momento, me ofrecí voluntario para ayudarla, sin embargo ella rechazó mi ofrecimiento.  Yo no me di por vencido y seguí insistiendo. Tras varios intentos, aceptó, pero con unas condiciones.  La primera era que bebería su sangre para hacer el efecto de la sustancia K en mi cuerpo durante un tiempo limitado y en caso de que me hirieran, poder regenerarme.  La segunda era que tenia que aprender a luchar con una katana, y la tercera era que si a ella le ocurría algo yo debía huir. Yo acepté para  poder ayudarla.

CAPITULO 2.  EL COMIENZO
PARTE 1.   LA PREPARACIÓN
 
El primer día de entrenamiento con Senc fue duro, pero tenía que aprender rápido o mucha gente iba a morir por mi culpa.
El segundo día, parecía que presentaba los movimientos básicos del día anterior, por lo que no mostraba un mal manejo con las katanas. El problema era que no sabía defenderme de los movimientos de ataque. El ejercicio de este día fue movimientos defensivos, no podía aguantar, pues era demasiado duro y muchas horas de entrenamiento. No parecía que mostrara progreso alguno, pero no era así,  lo que sucedía es que Senc aumentaba el nivel del entrenamiento sin darme cuenta y lo intensificaba más.
El tercer día,  fue un día de duelo para ver los progresos que llevaba de los anteriores días, el nivel era muy considerable, sin contar, por supuesto, con la resistencia. El resto de la semana fue un entrenamiento intensivo de resistencia y fuerza.
La segunda semana, comenzamos con el nivel avanzado. Esta vez me enseñó movimientos de pies y manos realmente útiles para la hora del combate. A lo largo de la semana, Senc me dijo que progresaba de una manera sorprendente y que ya era casi la hora para ir tras el tercer experimento que rondaba por el pueblo.
Los tres primeros días de la tercera semana lo tomamos para recuperar la energía perdida durante el entrenamiento.

PARTE 2.   EL PRIMER CONTACTO

Los siguientes días rastreamos el tercer experimento. Por suerte había una prueba. Consistía en que soltaban un olor nauseabundo que sólo podía olerl Senc. Un día, buscándolo por la parte de atrás de una montaña, Senc dio con el olor de la persona mutada. cada milímetro que se acercaba a él el olor se iba haciendo más nauseabundo, cuanto más se adentraban en la montaña el olor era más fuerte. Llegamos a una cabaña y estaba seguro de estaba allí. Senc me dijo que me preparara para luchar, que esta iba a ser mi prueba de valor y que, si la pasaba, podría ir a la misión final.
Cuando entré en la cabaña  estaba tranquilo porque sabía que Senc me iba a proteger ya que notaba su presencia cerca. Al entrar definitivamente en la habitación, vi algo totalmente deformado que se me abalanzó encima y yo intenté blandir la katana para matarlo, pero era muy rápido y me tiro al suelo. Me repuse rápidamente y desenfundé la katana, ahora estaba preparado para lo que viniera. El experimento se me abalanzó otra vez. Yo, con un juego rápido de piernas y brazos, me agaché y le clavé la katana en el corazón.última misión.

CAPITULO 3.  EL FIN.

Al cabo de dos semanas, Senc me contó el plan que tenía, que era destruir la corporación REI.  Me dijo que al día siguiente íbamos a asaltarla y destruirla con TNT, colocándolas en los pilares base del edificio.
Al día siguiente, al anochecer, nos fuimos hacia la corporación REI. Nada más llegar, desenfundamos nuestras katanas y fuimos cada uno a su objetivo: el mio era el de colocar las TNT en la parte central de la corporación y el de ella era colocarlo en la parte subterránea del estado.
Al entrar, un gran numero de personas se nos echó encima. Senc se encargo de ellas sin ningún problema. Yo me dirigí hacia el ascensor y subí a la parte central del edificio, que, inexplicablemente, estaba desierta. coloqué rapidamente las cargas para ir a ayudar a Senc. Cogí el ascensor hacia el subsuelo. Al abrirse las puertas del ascensor, vi, nada más y nada menos, que todo estaba completamente rojo y un río de cadáveres por delante. Fui corriendo, estaba nervioso y excitado por la situación. 
Cuando llegué, encontré a Senc tirada en el suelo, corrí a su lado y no tenía pulso. De repente, aparecieron dos monstruos. Rápidamente me repuse. Con la furia metida en el cuerpo, me abalancé sobre ellos y tuve la suerte de poder tocar a uno de ellos. Le arranqué un brazo, pero ambos dieron un salto y se engancharon en el techo. El que no estaba herido  hizo un rápido contraataque y me hizo un corte en el brazo izquierdo dejándomelo inutilizado, pero de nada sirvió porque, al apartarse del ataque, me abalancé sobre él y le corté el cuello. Sin esperármelo, el otro experimento se echó sobre mí, pero vi una katana aparecer por detrás de mi hombro y le atravesó la cabeza: era Senc. Ella me dijo que estaba bien gracias a la sustancia K. Yo más, tranquilo, le dije que nos diéramos prisa en poner las TNT para poder salir y acabar con todo esto.
Una vez puestas salimos de la corporación y nos alejamos  para poder activar la TNT. Una vez lejos, las activamos y vimos el fin de todo sufrimiento.


Redacción: EL PARAÍSO DE LOS FERNÁNDEZ

                                        EL PARAÍSO DE LOS FERNÁNDEZ.

15 de septiembre, Cádiz. Hoy las cuatro hermanas Fernández empezaban su primer día de instituto. Ana, la mayor, pasaba a segundo de bachillerato y entraba con fuerzas, ya que sabía que le esperaba un curso muy difícil. Le seguía Carolina, de 16 años. Elena tenía 14 años y era la que menos ganas tenía de empezar el curso. Por último, la pequeña Macarena, "Maca" para sus amigas. 

Las cuatro llegaron al instituto cuando se escuchaba por los altavoces: "Buenos días alumnos/as del instituto San Nicolás, espero que hayáis disfrutado del verano, coged con fuerzas el nuevo curso  y dirigíos cada uno a vuestras respectivas aulas". Para Elena no era un buen día, con sólo  pensar que tendría que volver a ver a sus profesores y estudiar, se le ponía el vello de punta. La pequeña Maca estaba nerviosa, hoy conocería a sus compañeros/as de clase y a sus nuevos profesores, además,el instituto es demasiado grande y temía perderse o no encontrar su clase. Ana, al entrar en clase, vio a su amigo José. Ambos llevaban varias semanas sin verse y decidieron quedar con sus amigos después de clase. Cuando las cuatro hermanas terminaron la jornada,  la vuelta a casa se resumía en contar los chicos guapos que había en la clase de cada una, explicar a Maca dónde estaban los servicios, el gimnasio, la clase de música y las clases de sus hermanas mayores, para que no se perdiera, y en cotillear sobre lo que habían hecho los profesores en las vacaciones.

Llegaron a casa y, a los diez minutos, José llegó para recoger a Ana. Fueron a una casa vieja y abandonada que estaba a unas manzanas del instituto. Cuando José y Ana llegaron , Luis, Leticia, Fernando y Adrián ya estaban dentro. A Leticia le gustaba José y no le hizo gracia que su mejor amiga apareciera por la puerta agarrada de la mano con él. Ana notaba que a Leticia le pasaba algo, ya que eran amigas desde los 6 años y la conocía bastante. Leticia esquivaba todas las miradas de su amiga y parecía que no quería volver a hablarle hasta dentro de una semana, Leticia era una persona muy seria y cabezota y costaba mucho convencerla. Más tarde, Ana y José volvieron para intentar hablar con ella. Ésta se sentía muy mal y parecía muy segura de lo que iba a decir y sin más le contó a José lo que sentía por él. José se quedó paralizado, no le salían las palabras y además se puso como un tomate. Ana sintió que estorbaba y decidió salir fuera a que le diera el aire, jamás hubiera pensado que Leticia sería capaz de decirle a José lo que sentía por él.  Estaba en estado de shock. José nunca había pensado tener a Leticia como novia, pero decidió probar, ya que se llevaban tan bien  que no habría problemas para estar juntos o, al menos, eso es lo que pensó.

Carolina y Macarena decidieron ir al cine para ver "Scarie Movie 5" e hicieron que sus padres las llevara, ya que en el trailer aparecía el famoso "Ola k ase, me das un besito o k ase". Fueron durante todo el camino y en toda la cola del cine diciendo : "Ola k ase, en el cine o k ase" y cosas parecidas. En la película no paraban de reírse y de tirar palomitas como locas por toda la sala. La gente les llamó varias veces la atención, pero Maca y Carolina no tenían la intención de parar.
En la casa estaba Elena que se podía escuchar desde el otro barrio, ya que no había nadie en su casa, aprovechó para ponerse a cantar. Elena empezó a animarse cada vez más y más mientras cantaba todas las canciones de Justin Bieber saltando en el sofá. Cuando terminó de cantar "Baby" escuchó un ruido que venía de la entrada, ella no se preocupó y siguió cantando e inventándose la mitad de las palabras y con ese acentillo gaditano que hacía la canción un tanto graciosa. Elena estaba cansada y decidió ir a la cocina para beber agua, cuando alguien la cogió por detrás y le tapó los ojos, estaba muy asustada y empezó a llorar y a pedir ayuda. De repente, las manos que hacían que Elena no viese nada desaparecieron y, al volverse, Elena vio a su vecino Fran que tenía una copia de la llave en caso de emergencia o de que su vecina loca no le abriera la puerta porque tenía la música a tope. Elena aún tenía el susto metido en el cuerpo, pero se alivió al ver a su vecino. Fran había ido a ver a Elena para preguntarle cómo le fue el primer día de clase, ya que él sabía que Elena odiaba el instituto.
Todos los Fernández volvieron temprano a casa, ya que había sido un día muy duro y se habían levantado muy temprano, mañana tendrían que madrugar de nuevo.
Por la mañana, las cuatro hermana volvían al instituto. Todas entraron en clase, todas menos Macarena, que decidió saltarse las clases para conocer mejor el instituto. Empezó dando vueltas por el inmenso patio, tenía dos porterías de fútbol, dos canastas de baloncesto y tres redes de voleibol. A Maca le encantaba los deportes, sobretodo baloncesto.  Ella estaba en un equipo femenino y era el base debido a su estatura y a lo bien que movía el balón. Después decidió ir a los servicios, aunque olieran mal, se moría de sed y en el instituto no había fuentes. Cuando terminó de beber, se apoyó a una loseta que sobresalía y notó como si la pared se hubiese movido, pensó que sería una ilusión suya, sin embargo, cuando la miró, vio unas pequeñas escaleras que llegaban hasta una especie de sótano. No se podía creer lo que estaba viendo y decidió bajar las escaleras, pero cuando bajaba, escuchó la voz de su hermana Elena. Maca le enseñó a su hermana lo que había encontrado, abajo había una enorme piscina y muchos juegos de mesa. A Elena le estaba empezando a gustar el instituto. Decidieron mantener este pequeño escondite en secreto y además decidieron llamarlo "El paraíso de los Fernández" y con mucha razón, ¿quién no desearía tener una piscina secreta en su instituto?
Por el camino, Elena y Macarena decidieron contarle a sus hermanas lo de su escondite secreto y éstas no les creyeron. Al día siguiente, Maca y Elena prepararon sus mochilas, pero además también se llevaron un bañador y una toalla. Llevaron a Ana y a Carolina al servicio de las chicas. Estuvieron todo el camino metiéndose con sus hermanas diciendo: "¿Os creéis que el instituto es Narnia? Madurad ya, que ya sois mayorcitas para creer en esas cosas".
Maca y Elena no les hacían ni caso y cuando menos se lo esperaban, Maca volvió a apoyarse sobre la loseta y volvieron a salir las pequeñas escaleras. Las caras de Carolina y Ana eran un poema y no se imaginaban que lo que les contaba sus hermanas era verdad.
Al volver a casa, Elena le dijo a su madre que le gustaba el instituto, su madre se extrañó bastante y le preguntó el por qué, ella miró a sus hermanas, sonrió y le dijo que era un pequeño secreto.
 

Miriam Pérez Vallejo. 4ºC

Verdugo de la muerte.

Estoy solo en casa: mis padres están de viaje y mi hermano mayor se fue a trabajar. Me he levantado a las 2 de la tarde. Hay algo que va mal, no sé exactamente el qué, quizá sea la resaca del día anterior o que había demasiado silencio. Los perros del vecino no ladraban, algo que me extraña porque los llevo escuchando desde que nací. Me asomé a la calle y todo estaba demasiado tranquilo,no veía a nadie y no escuchaba ningún tipo de vehículo. Es como si todos se hubieran marchado. Encendí la televisión y entonces es cuando tuve la peor sensación del mundo. Todos los canales hablaban de una especie de pandemia parecida a la rabia, por lo que debíamos ir hacia refugios seguros.

Estuve una hora entera viendo las noticias, donde decían que debíamos irnos hacia el norte. La gente se refugiaría en una especie de campo de refugiados. Pero no me podía ir. Tenía que esperar a mis padres y a mi hermano, esperarlos en casa. Y eso fue lo que hice. Cerré las persianas y eché el cerrojo a la puerta que daba a la calle. Eché un vistazo a la nevera y a la despensa. Tengo comida suficiente para un mes. Fui al garaje a portodo tipo de recipientes y los empecé a llenar de agua. Una vez  aseguré la casa y provisiones, seguí mirando la televisión. Todas las cadenas hablaban de lo mismo. Incluso una hablaba del apocalipsis, el día del juicio final había llegado. Tonterías, pensé. No creo en Dios y mucho menos en el apocalipsis.

 De la tele no saqué nada, así que me propuse a llamar a mi hermano o a mis padres. El teléfono daba señal, pero no podía hacer ninguna llamada, pues las líneas estaban saturadas. Luego me quedé  pensando en esa enfermedad y en mi familia. Cuando, por fin, pusieron algo útil en la tele. Se decía  que los servicios como la luz, el agua, la línea telefónica y la televisión estarían poco tiempo funcionando. Que aguantarían todo el tiempo que pudiesen. Dieron bastantes explicaciones sobre la enfermedad. No podía creer ninguna de las palabras de ese locutor, pues hablaba de zombies: "La gente resucita una vez muerta". En ese momento un escalofrío  recorrió mi cuerpo. Soy un fanático del mundo de los muertos vivientes. ¿Estaría psicológicamente preparado?

 Ya era tarde y aún quedaba algo de luz natural. Fui a buscar la batería del ordenador portátil y la cargué al máximo. Tiene una duración de 24 horas, son pocas pero valiosas y muy útiles. Mi hermano aún no llegó de trabajar. Me preocupo bastante por él, pero sé que sabrá arreglárselas solo y ,si no viene, será por una buena razón. Fui a darme una buena ducha para despejarme las ideas. Luego me dispuse a relajarme con el ordenador. Puse música a poco volumen y buscaba información en Internet sobre el estado de las ciudades y el mundo en general. Todo se habían vuelto locos y la locura solo lleva a más locura. No todo el mundo se había ido de sus casas, muchos se quedaron. No era el único después de todo. Todos habían hecho lo que yo y todos creemos que lo más seguro es quedarnos aquí y no ir a los refugios llenos de gente.


Ya hace 2 días que no recibo señal alguna de vida. Ya cortaron el agua; la electricidad viene y va, y la línea telefónica está dando muchos problemas. He estado subiendo a la azotea a observar todos estos días con mis prismáticos.Solo se ven incendios, coches y casas abandonadas. Aún estoy bien, en mi casa aún tengo suficientes reservas de recursos. He estado aprovechando mis conocimientos de guerra. Supongo que ser un aficionado al género bélico me servirá para algo después de todo. He fabricado un sistema de alarma sencillo con un hilo de pescar que simplemente hará que el timbre de la casa suene, simple pero efectivo. He hecho unas cuantas granadas de humo con papel de aluminio y pelotas de ping pong. La verdad es que no son duraderas y no producen suficiente humo, pero es mejor que nada para dar señales de vida. He reunido todas las armas que he ido coleccionando, espadas, cuchillos tácticos, katanas... También dispongo de armas de fuego, pero están inutilizadas. En este país no se permite tener armas de fuego, menudos idiotas. He estado pensando en ir a buscar algo útil en los comercios cercanos, aunque eso sería en caso de extrema necesidad. No puedo estar aquí para siempre después de todo. Pero no quiero abandonar este lugar. He crecido en él. Si la quiero mantener mi vida, supongo que lo mejor será irse.

 Mañana me instalaré en la parte de la casa que da al  jardín y cerraré por completo la parte principal de la misma. Si todo lo que dicen es cierto, y si son zombies, lo mejor será estar oculto. gente. Por lo demás, seguiré con lo planeado hoy y reuniré todo lo posible para sobrevivir incluyendo mis pertenencias de airsoft y todo lo que me pueda ser útiles. Todavía son las 8 de la tarde y, joder, por fin he visto algo interesante. Era un maldito avión no tripulado para rastreo.  No era español, sino un maldito drone americano, como de los que hablaban las noticias cuando  atacaban Pakistán. No parecía que rastreara nada, volaba directamente dirección norte...

Ya son las 11 de la noche. He escuchado varias explosiones. Luego se fue la electricidad. Observé desde donde se oían, pero no vi nada. Puede que estar tanto tiempo sin ver a nadie me esté volviendo loco. Será mejor que me vaya a dormir.

Ya es de día y no he vuelto a escuchar nada, como planeé, mei traslado a esta parte de la casa ha sido acertado y  me ha quedado muy confortable: digna de un superviviente. He estado pensando en hacer una escapada por el barrio no muy lejos de aquí. Supermercados, ferreterías, farmacias... Puedo encontrar muchas cosas útiles, pero aún no lo haré, será mañana o pasado, aún no estoy preparado. He estado practicando con mis armas blancas. Con lo que mejor me manejo es con la espada vikinga, pero necesitaré algo con un poco más de distancia si me encuentro con algo indeseable. Fabricaré un pequeño lanzallamas con un fumigador lleno de gasolina y un mechero. Es increíble lo fácil que uno se puede fabricar armas con pocos recursos. Usaré toda mi ropa militar de camuflaje de noche. Me llevaré una mochila táctica de 10 litros montada al chaleco táctico. También unos guantes anticorte y mi máscara de gas m10. Una vez preparado todo, me puse música bebiendo alguna bebida con alcohol.   Jugando al solitario así mantendré la autoestima alta, supongo...

Esta mañana he sentido la soledad más abrumadora que un hombre puede sentir… un silencio absoluto. Viendo solo el amanecer, preparándome mental y psicológicamente para lo que estaba a punto de hacer. Desde lo del avión no he visto ningún rastro más de vida humana, al menos, viva. Los pensamientos me están bloqueando. Temo volcarme a la locura, pero puede que ya lo haya  hecho. Pensando en el aprecio de cosas de una vida anterio que para mí era insignificantes: tirar la basura, comprar el pan, o salir con la bicicleta. Como lo echo de menos. Pensamientos cercanos pero a la vez tan lejanos. Mejor no pensar en ello, ya que solo consigo deprimirme más aún.

He estado preparando todo lo necesario para mi escapada. , pues, si tengo que salir corriendo, mejor ir ligero de peso. Llevaré pocas cosas: el lanzallamas improvisado con 2 litros de gasolina, la máscara de gas y la mochila más la indumentaria que lleve. Cogí mi improvisada lanza y unas bombas de humo y me dispuse a cruzar las murallas que separan el jardín y la calle. El panorama se presenta  tranquilo, no hay señales de vida de ningún tipo salvo varias aves volando despreocupadamente.

Mi plan consiste en ir a por los recursos de primera necesidad, comida y agua. Comencé a caminar dirección al supermercado. Las calles estaban tan solitarias como imaginé, ni siquiera divisaba un maldito coche. Al doblar la esquina, todo seguía igual hasta que vi una gigantesca mancha de sangre saliendo de una casa pequeña. Fuera lo que fuera lo que estaba sangrando ya no está, comencé a moverme en silencio más por miedo que por precaución. Al llegar al supermercado, la puerta principal estaba con la verja echada, así que tuve que ir por la entrada de camiones. La gracia es que no había ninguno. La puerta estaba cerrada con llave, pero la pude derribar de una patada. Algo que siempre quise hacer, no creo que un cerebro putrefacto imagine cómo se ha producido ese ruido. Todo estaba tranquilo y oscuro. La única luz que entraba era la que pasaba a través de la verga de la puerta principal. Lo que me extraña es que la tienda esté sin saquear o algo peor. Fui primero a la sección de conservas. Llené algo menos de la mitad de la mochila con diversas latas de carne y verduras. A continuación, me abastecí de  líquidos; más bien solo agua, la suficiente para varios días. Cuando me dispuse a ir a la sección de antibióticos vi a una persona de pie mirándome fijamente. Joder, le faltaba la mitad de la pierna izquierda y tenía la boca llena de sangre. Poco a poco se acercaba a mí. No sabía qué hacer. Retrocedí hasta que se puso más o menos a trotar. No podía ir muy lejos, así que opté por la opción que todo fanático de las películas haría: clavarle la lanza en la cuenca del ojo. Se mantuvo erguido hasta que saqué la lanza ya cubierta de sangre de zombi. Luego se desplomó como un maldito árbol cortado. Luego vi a más de ellos en la verja principal golpeándola con todo su cuerpo. Corrí a por los medicamentos. Me llevé ibuprofeno, vendajes y desinfectante, y volví por donde había venido. Miré por lo alto de la muralla y divisé a tres en la verja y a dos más que se acercaban hacia ella. Lancé con provisiones en primer lugar y luego yo con el lanzallamas en mano. Al caer, me di cuenta de que tenía uno justo detrás que no había visto. Me levanté enseguida y me puse a correr todo lo que pude. Por suerte para mí, no son muy rápidos.

 No podía ir a mi casa, ya que los atraería  allí, así que corrí en dirección contraria, por otra calle que lleva hasta la carretera principal, donde recordé que había un surco. Seguí corriendo, nada me lo impidió, no  se me interpuso ningún zombie. Al llegar, salteé al interior del surco. Tal y como esperaba se quedaron bien atrapados en ese agujero. Me coloqué el lanzallamas y los rocié a todos con gasolina y les prendí fuego.

Me dispongo a volver a mi casa a soltar provisiones y a pensar qué hacer durante el resto del día, ya que apenas son las 2 de la tarde. Regresé, solté provisiones y tomé conciencia sobre lo que acababa de hacer. Miré a la calle y ninguno me siguió. Saqué las provisiones y me puse a racionarlas por días. Luego me conecté el mp3 e hice unos ejercicios de relajación, pues la actividad de hoy ha sido abrumadora. Será mejor que me despeje un poco.


domingo, 16 de junio de 2013

Un 14 de febrero.

 Era un 14 de febrero como otro cualquiera, un día especial para cualquier persona enamorada.
Sonaba el despertador dando las siete de la mañana, y el día no parecía tan distinto:  mucho frío y algo de claridad entrando por la ventana. Pero ese día sabía que no era igual que los demás, ese día tenía que hacer muchas cosas para aquella persona que quería.
Recuerdo apagar el despertador  enfadado y sentarme en la cama a pensar en lo que tenía que hacer, hasta que la recordé. Era un día especial, eso nos hacen creer las floristerías al menos…
Bajé corriendo las escaleras dejándome el talón en el último peldaño, como de costumbre, y salté a la pata coja hasta la cocina, esquivando como pude la silla del comedor.
Ese día, tras las clases, debía preparar algo importante, algo para ella, Patricia, una chica preciosa de pelo rizado, rubia, con unos ojos celestes como el cielo, con una sonrisa eterna y preciosa, de esas que te hacen sonreír a ti también sin saber por qué, y no podía perder ni un solo momento. Llevaba enamorado de ella muchos años, la conocí por internet. Hablamos todos los días y nos dimos cuenta de que vivíamos en la misma ciudad e íbamos al mismo instituto.
En 9 meses se iba a estudiar fuera, así que me propuse algo, hacer que esos 9 meses fuesen inolvidables regalándole una rosa en un lugar especial, un día especial, y con un significado especial.
La primera había llegado el mes anterior, acompañada de un enorme oso de peluche puesto en mi cama, que debía encontrar por sorpresa. La segunda, el día de San Valentín, ese día nadie espera rosas ¿verdad?
Ese día lo tenía todo planeado, ella vivía lejos de mi, a una hora aproximadamente, por lo que no había riesgo de que me pillase haciendo nada. Llevé la rosa a un restaurante, era tan perfecta que parecía como si fuese de plástico.
Al hablar con la camarera, una chica  de unos 30 años, le expliqué lo que sucedía y accedió encantada, se quedó la rosa y una piruleta de forma de corazón guardada en una caja de terciopelo rosa, nada fuera de lo normal como  estudiante que soy. Ella se encargaría de traerlo a la mesa a la hora del postre. Al ver la rosa, sabría de qué trataría todo.
Pasado el momento de vergüenza y las miradas de las tres camareras, volví a mi casa, ya solo quedaba avisarla a ella de que viniese y esperar a que todo saliese bien.
Llegaron las 8 de la tarde, y ya me había avisado de que estaba abajo , así que cogí mi chaqueta y me puse los pantalones , los zapatos y corrí hacia la puerta. Allí estaba ella, un poco más bajita que yo, sonriendo, con un vestido negro y los labios rojos, guapísima como siempre.
La cogí de la mano y la llevé a mi coche, un Citroën negro con 15 años, lavado desde hace poco, por lo cual  parecía nuevo, pero bueno, no todo el mundo tiene un cochazo.
Llegamos al restaurante a las 8 y media, cuando el sol ya se había ido y se agradecían las chaquetas, así que nos sentamos cerca de la calefacción y nos atendieron.
La noche pasaba tranquila, hablando de cómo nos iban las clases en la universidad , del tiempo que nos gustaría pasar juntos y de todos los planes que quedaban por hacer, aunque por dentro me estuviese muriendo pensando que esto duraría pocos meses.
Llegado el momento trajeron la rosa, ella se dio cuenta y se encendieron sus mejillas. Vio la rosa, me miraba con unos ojos preciosos, brillantes, que decían más de lo que hubiese sido capaz de decir yo en ese momento, y le di una carta, una carta donde le decía lo mucho que la quería y la echaría de menos , que iba a luchar por ella hasta el último momento. Sus ojos estaban al borde de las lágrimas . Acabada la carta nos fuimos al coche . Esa noche no hubo más palabras,  no hubo nada más, solo miradas que lo decían todo.
El verano se fue, lo pasamos con amigos y siempre juntos. Esos momentos quedaron como hermosos recuerdos. Viajamos a Alemania y a Rusia para  cambiar de aires. Fueron los mejores días de mi vida y junto a ella.
Los nueve meses pasaron y ella se fue a estudiar a Londres, como era de esperar. La acompañé al aeropuerto para despedirme y nos dimos nuestro ultimo abrazo. Pronto la vería de nuevo, o eso espero.




lunes, 27 de mayo de 2013

Relato: El extraño (David Guerrero Gómez)



Una noche sin estrellas, en la tranquila ciudad de Bath, dominada por el machismo, apareció del cielo una brillante esfera que emanaba tal luz que parecía un segundo sol, a no ser porque esta esfera se acercaba más y más hacia nuestro hogar, la Tierra.

Al día siguiente, toda la ciudad discutía sobre esa extraña luz de la pasada noche, unos decían que podría tratarse de cohetes artificiales; otros, que de una bomba y hasta algunos pensaron que bajó Dios a la Tierra. Todos tenían sus teorías, pero nadie estaba seguro, fue extraño. Sin razón aparente, nadie quiso salir de sus hogares: las mujeres y sus hijas, acupadas con las tareas de la casa, mientras que los hombres y sus hijos leyendo el periódico o algún libro.

Pero una chica  de 17 años llamada Violet, de una familia humilde, los Rumsfeld, tenía la necesidad de salir a la calle para tomar el aire, ya que estaba cansada de hacer ella casi todas las tareas con la ayuda de su madre, mientras su padre se tiraba el día fuera en bares, gastándose el dinero sólo en alcohol y a saber en qué más. Sabía que si le pedía permiso a sus padres para salir le dirían que no, así que no dudó en escaparse por su ventana que daba a un centenario árbol y bajar por él sin que se dieran cuenta.

Cuando quiso bajar por el robusto árbol, se arañó las manos y los codos con la dura corteza y cayó, asustada y dolorida, se puso de nuevo en pie y salió corriendo de allí. Por las calles, encontró a algunos muchachos de su misma edad o cercana a ella que también salieron a la calle, pero por infortunio, aquellos empezaron a insultarla cuando la vieron con las heridas.
- ¿Qué haces sola por aquí? Seguro que te han echado de casa por no cumplir.
- Estoy seguro de que esas heridas te las habrá hecho tu marido porque te lo merecías.
- ¡Vete de la calle y limpia! No queremos más furcias por aquí.

Uno de esos muchachos estaba callado y, por asombro de ella, era el chico del que siempre había estado enamorada en secreto, Paul... Al verle entre ellos, no dudó en pedirle ayuda, pero él se quedó callado y dio media vuelta junto con los demás chicos.
Eso le hizo un nudo en el corazón, se quedó sola en aquella calle, con el doloroso silencio y el viento frío de otoño que acariciaba su cara inundada de lágrimas.

Empezaba a caer el día, pero Violet fue lentamente hacia Alexandra Park como si de un alma en pena se tratase. Estaba algo lejos de su casa, pero merecía la pena visitar, por los recuerdos que le traía, aquel parque, lleno de arboles donde se podía ir hacia un extremo de él para ver cómo río Avon corría con sus cristalinas aguas. Fue hacia un árbol  que estaba de cara al río, y se sentó en la húmeda tierra mientras estaba apoyada en el tronco. Miró con mirada perdida el reflejo del Sol al atardecer en el agua, aquel brillo era lo único que le daba esperanzas para seguir. Toda su vida había estado marcada por problemas, y desde pequeña siempre quiso ser profesora de idiomas, pero toda su familia se oponía y la reprimían encerrándola en la casa casi todos los días, pero siempre obligada a trabajar  día y noche, hasta que su padre volviese borracho de la calle con mal humor, pagándolo con ella y con su madre, a veces, de formas violentas... Su único apoyo era Paul, pero ya se había ido, quizá para no volver.

De repente, un extraño ruido la sobresaltó procedente de la copa del árbol donde ella estaba apoyada, y sin darle importancia, ignoró el ruido y se quedó callada mientras su cabeza y su corazón seguía recordando... Aquel árbol era donde había conocido a Paul hacía tres años y medio, sentado en el césped al lado del árbol leyendo un libro de misterio.
Después de un buen rato, decidió levantarse e irse a su casa, cuando, de repente, alguien la llamó. Empezó a buscar a su alrededor y no consiguió ver nada. Extrañada, dio media vuelta y se chocó con una persona que estaba colgada en la rama de un árbol. Violet gritó del susto, pero esa persona que no se distinguía bien  la calló poniéndole la mano en la boca mientras seguía colgada de la rama. Ella se quedó callada y contemplando: era muy extraño, tenía rasgos masculinos y, a la vez, algo femeninos.

Se presentó cortésmente, se llamaba Naki, procedía de otra dimensión donde la raza humana también existía, pero de diferente forma. En aquella dimensión no existía el sexo masculino ni el femenino, y dado que eran más avanzados que nosotros, sabían lo que ocurría en este planeta. Es por eso que mandaron a Naki en una nave, para cambiar la situación que se vivía en este momento con la discriminación de género. Al igual que Naki, otros muchos también fueron enviados a este planeta para resolver muchos problemas y así alcanzar la paz universal.

Pasaron los meses, y Violet y Naki se hicieron muy buenos amigos, Naki le contaba cómo era su planeta, las cosas que ocurría, etc..., mientras que ella siempre terminaba hablando de Paul o de cuando se iban a poner manos a la obra para arreglar la situación que viven los países con la discriminación de género, pero Naki siempre se quedaba callado y se  mostraba preocupado. Hasta que justo al pasar un año, Naki le dio una triste noticia, se tenía que ir ya a su planeta, pero ella no se lo explicaba. ¡No había hecho nada! A lo que Naki le contestó que sí, ya que ese año de mutua amistad, el alma de Naki y la de Violet se unieron, pasándole así un Don a ella, que lo debería poner en práctica.
Aquella misma noche, Naki y Violet se despidieron en Alexandra Park, donde se conocieron, dándose la más triste despedida y sabiendo cada uno que no se volverían a ver nunca más, o al menos eso pensaban.

Naki siguió su vida hasta que, al cabo de una década, pudo escaparse hacia la dimensión del Planeta Tierra y visitar a su gran amiga Violet.
De nuevo, el panorama se repetía, volvió a aparecer una gran luz que bajaba del cielo sobre los cielos de Bath, y Naki fue hacia el hogar de ella. Por el camino, algo le sorprendió: pasó por Alexandra Park y allí había una estatua en el lugar del árbol donde Violet siempre se sentaba. Fue hasta la estatua y leyó la cita de  una inscripción, en la que se decía:
"En honor a Violet Rumsfeld por defender hasta su muerte la igualdad de género con sangre y sudor, consiguiendo que el día 8 de Marzo ningún sexo fuera más un problema para convivir. Gracias por conseguir un mundo mejor."

Sorprendido, alzó la mirada, viendo así la estatua de su gran amiga.
Le interrumpió un señor mayor, bien vestido con un ramo de rosas amarillas que le saludó mientras dejaba el ramo sobre la estatua. Naki extrañado, le devolvió el saludo y aquel señor le dijo:
-¿Le gusta la estatua? Parece mentira, recuerdo como si fuese ayer cuando estaba junto a ella, en nuestra casa... Éramos tan felices juntos...
- Hmm...Disculpe ¿Se llama Paul?- Contestó Naki extrañado.
-¿Cómo sabes mi nombre?
-No te lo creerías si te lo contase...

Paul, sin tiempo, se tuvo que despedir de Naki lo más rápido posible y se fue a paso ligero. Naki se quedó en silencio durante un buen tiempo delante de la estatua, recordando los buenos momentos que pasó con su amiga y, emocionándose, dijo:
-Me alegro que hayas conseguido tu objetivo, espero que estés en un lugar mejor y  poder verte algún día, siempre te llevaré muy adentro, mitad del alma mía.


By: David Guerrero Gómez

jueves, 16 de mayo de 2013

¿Cómo ha podido cambiar todo tanto en tan poco tiempo?


Y allí estaba, en la playa solitaria, con la música al máximo volumen saliendo de mis auriculares. "¿Cómo ha podido cambiar todo tanto en tan poco tiempo?" Me preguntaba una y otra vez con las lágrimas derramándose lentamente por mi mejilla. Al rato, sonó aquella canción, la misma que sonó el primer día que le vi, el día que todo comenzó. Mi madre siempre dice que toda persona tiene una banda sonora en su vida y la mía empezaba por aquella canción, Penny Lane. Eso hizo que me tumbara en la arena y empezara a recordar todo lo pasado en ese último año.

 El verano pasado, concretamente el día de San Juan, estaba preparando con un par de amigos nuestra pequeña hoguera cuando le vi: un chico moreno de ojos verdes, y una sonrisa arrebatadora. Me quedé observándolo de reojo un buen rato y no sé en qué momento se giró y me sonrió. Sí, a mí, a la chica tímida del montón en la cual nunca nadie se fija. Durante toda la noche no paramos de mirarnos, pero mi timidez no me permitía ni siquiera acercarme. 

Un rato después, me separé del grupo para  dirigirme hacia la orilla y me senté allí. Estaba cansada y no me apetecía nada estar arriba con todo el mundo bebiendo. A los pocos minutos sonó “Penny Lane” y alguien se sentó a mi lado, ese alguien era el chico de los ojos verdes. Nunca olvidaré aquella noche, no  pasó nada, pero pasó todo. Durante el resto de la noche solo hablamos un poco, supe su nombre, edad y que veraneaba este año aquí, en casa de su primo. Al terminar la noche volví a casa, algo más que feliz. 

A los pocos días, recibí un mensaje de un número desconocido, era él. A partir de ahí empezamos a hablar todos los días, quedamos un par de veces, pero no fue hasta una cálida noche de Julio cuando me di cuenta de que era el chico especial que llevaba tanto tiempo buscando.  ¿Y cómo me di cuenta? Pues fácil, me besó. Así sin más, delante de todos, sin avisar, sin saber si yo quería o no, improvisado. Eso era algo que me encantaba de él, aparte de ser el chico más risueño y encantador que jamás había conocido, su espontaneidad. 
Todo comenzó así, el verano y los meses contiguos fueron perfectos, aunque había algo raro en él. Le notaba como más apagado, menos risueño. Le pregunté el por qué pero él simplemente me decía que eran cosas mías, pero en el fondo empezaba a darme cuenta de que algo iba mal. No supe qué era exactamente hasta pasado un tiempo. Él se había ido de viaje con sus padres o, al menos, eso creía yo, cuando me di cuenta de que mi pen drive estaba en su casa y lo necesitaba urgentemente para un trabajo. Como vivía con la abuela, me acerqué a su casa a recogerlo. Al llegar, no solo me encontré con su abuela, sino con su madre. Estaba totalmente apagada y con los ojos rojos de tanto llorar. Entonces la madre comenzó a llorar y me explicó todo entre lágrima y lágrima. Cada minuto que pasaba mi corazón iba haciéndose más pequeño y las lágrimas brotaban de mis ojos sin cesar. Él tenía cáncer y había ingresado en el hospital muy grave, pues tenía que empezar con un intenso tratamiento de quimioterapia al momento.

 No pude con aquello, me fui, hui, corrí con todas mis fuerzas, no podía ser verdad. Era la primera vez en mucho tiempo que realmente me sentía bien, feliz. Pero todo eso había acabado de golpe, la persona que más quería en el mundo tenía cáncer. No supe reaccionar en el momento, simplemente me encerré en mi cuarto durante todo el día con una lista de reproducción con canciones que él me había grabado. Esperaba que todo fuese una pesadilla, despertar y que él estuviese ahí a mi lado con su hermosa sonrisa, sus cálidos ojos verdes y ese ricito que siempre  caía justo al lado de su oreja. Deseaba con toda mi alma despertar y que ahí estuviese él con su guitarra y su preciosa voz, con sus besos y abrazos. Pero no, todo aquello estaba sucediendo y lo único que podía hacer era llorar y llorar.

 Al cabo de poco más de una semana, me decidí al fin a ir al hospital, sabía que iba a ser duro, que probablemente estaría mucho tiempo mal y que había altas probabilidades de que se muriese. Pero le quería y no iba a dejarlo ir tan fácilmente, iba a estar con él cada minuto libre que tuviese. Hasta que él se pusiese bien y entonces podríamos hacer aquel viaje por todo el mundo que habíamos planeado al cumplir los 18. Y así fue, cada tarde al salir del instituto, cada fin de semana, cada segundo libre de mi vida lo pasaba allí con él. Había días en los que estaba bien y días en los que no. Con el tiempo ese maravilloso pelo fue desapareciendo, sus hermosos ojos verdes apagándose, pero siempre tenía esa sonrisa y, al entrar en la habitación, me decía “Hola chica tímida” y se despedía siempre con un “te quiero”. Eso era lo que me daba fuerzas cada día, lo que me hacía que tuviera un hilo de esperanza. 

Un día, toda esa esperanza se esfumó. Al llegar al hospital, no estaba en su cama de siempre. En ese momento su madre entró en la habitación, con los ojos hinchados de llorar y con una carta en la que pude distinguir mi nombre en su mano. Él se había ido, para siempre, esa misma mañana algo falló en su organismo y murió. Así, sin más. Jamás volvería a sentir sus cálidos abrazos, jamás volvería a mirar sus preciosos ojos verdes, a oír su hermosa voz. Todo había acabado, él ya no estaba. 

Después de eso, había acabado aquí, en la playa, el lugar donde todo empezó. Estuve horas y horas, sin tomar conciencia del tiempo. Entre lágrimas, conseguí sacar valor para abrir su carta, simplemente había una frase en ella; “Vive la vida como si detrás de cada día viniese otro, porque realmente nunca sabes cuándo se va a terminar. Te quiero”.



Sara Gómez González.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Érase yo


Septiembre de 1939, una fecha en la que nunca desearía haber vivido aquellos terribles acontecimientos.

Era un día lluvioso y muy frío. Mis manos apenas las sentía debido a los copos de nieve que caían del cielo, fundiéndose en mi piel, dejándome completamente congelada. Mis pies no sentían el calor que daban las botas de mi padre ya que estaban rotas. No era muy agradable, aunque  nosotros, los polacos, estamos acostumbrados a este clima. Llegué a casa a las dos de la tarde, como es habitual. Dejé mi bolso azul de flores en mi habitación, me lavé  las manos y me senté con mis padres y mi hermano a comer. Mi padre, al que se le conoce como al "judío rico", es un hombre al que yo describiría como un ser inteligente, serio, culto y manipulador. Mi madre es una pobre mujer, ilusa y buena madre. Mi hermano es un simple insensato de nueve años que no tiene ni idea de lo que se le avecina. Decidí poner la radio, y como siempre se escuchaba a Alfonso, un demócrata que se sentía superior por anunciar diversas noticias del exterior para que llegasen a nuestros oídos. Éste, de nuevo, anunció una noticia que era verdaderamente importante, mi padre se levantó muy nervioso y ansioso por escuchar lo que decía. Se había proclamado la Segunda Guerra Mundial.

 Aquel día lo viví un tanto extraño, yo, a mi edad no comprendía nada, solamente quería salir con mis amigas y con ese muchacho que me hacía sentir princesa. Pasaron meses y todo cambió.

El fortalecimiento de los alemanes llevó a  la persecución de los judíos. Muchos negocios fueron cerrados y cada uno de nosotros llevábamos un distintivo. A pesar de todas las leyes impuestas por Hítler, yo no era consciente de lo que estaba ocurriendo, y mi deseo de ver aquel muchacho eran irrenunciable. Cada vez que quedaba con él, mi corazón "bombeaba" como si sintiera las explosiones y bombas que provenían del otro barrio judío y que pronto iban a atacar al nuestro. Una de las muchas tardes que quedaba con él, decidimos ir al parque a tomarnos un helado de fresa y nata, cuándo, de repente, apareció su padre, un general alemán. Nos separó en un abrir y cerrar de ojos. Hizo comentarios racistas sobre mi origen y me pegó una paliza reventándome el labio superior de la boca. Cogió a su hijo y se lo llevó. Me fui a casa llorando pero no del dolor, sino de la rabia por haber sido golpeada, que luego se convirtió en amargura por saber que nunca más vería a aquel muchacho y que probablemente podía haber sido el amor de mi vida.

"Mi vida". Esa era la otra parte de un mundo que yo sentía que no iba a vivir. Cada día que pasaba me sentía más sola, cohibida y triste. Ya no era aquella niña que siempre estaba con una sonrisa de oreja a oreja, sólo pensaba en mi deseo de ser alguien en la vida: bailarina.

Hoy, 31 de diciembre de 1944, quedaba un año para que todo este sufrimiento terminara o, al menos, eso decían los judíos que estaban en los otros campos de concentración. Sonó el timbre de llamada, una especie de música que te avisaba cada media hora para seguir con tu trabajo, ya que muchas personas paraban y no hacían su trabajo debido a los forzosos trabajos  que les imponían.

Tenía mucha hambre y no podía más, necesitaba comer un poco; de hecho, aunque me cueste decirlo, echaba de menos las lentejas de mi madre, un plato que siempre he odiado. Me tomé unas hierbas que había cogido del campo y corrí como una liebre para que nadie me viera tomarlas con tranquilidad. Mientras comía, me fijaba  en mis uñas amarillas, llenas de mugre y barro. "¡Con lo presumida que soy ... y verme así".

Eran las doce en punto de la noche, y mi momento había llegado. No era ese temor a la muerte ni nada parecido, sabía que en cualquier momento iba a morir. Se trataba de mi día, mi cumpleaños. Un cumpleaños un tanto especial comparado con los cinco años que llevo aquí en este sitio. Alguien me dio las felicitaciones cuando hacia mucho que nadie me las daba. Era un pequeño niño llamado Héctor que siempre estaba con su osito de peluche. A veces me recordaba tanto a mi hermano... " Mi hermano, ¿dónde estará? " Nunca supe la respuesta.

Durante esos seis años de guerra, he visto morir a muchas personas, entre ellas a mi padre. Jamás lo olvidaré.
Ahora, mi vejez me trae recuerdos del pasado y llego a la conclusión de que los duros momentos de la guerra me han servido para ser la persona que ahora soy. Si hay algo positivo en todo esto, es que el ser humano no debe volver a comenzar una guerra, debe aprender a vivir en paz y armonía.



Punto y seguido.

Solían decirme que cuando una etapa termina, comienza otra. Quizás sea así, o quizás no. Hay cosas que terminan, y no vuelven a empezar.
Yo siempre fui de las que pensó que todo final debe ser digno de despedida. Terminar. Lo que sea, has acabado con eso, le has puesto un punto final a lo que, a veces, sustituiste por comas o punto y seguido.
La vida te enseña a valorar lo que verdaderamente te importa y a quienes verdaderamente quieres, y aprendes a saber lo que es un problema de verdad, y a lo que el resto llama problemas.
Dieciséis años no son nada. Miro a mi abuelo todas las tardes fumarse un cigarro (aunque últimamente abusa y consume el medio paquete), y mojarse los labios con el café que se prepara, tan negro como maduro. No, mi edad no es nada comparada con la suya, pero él a mi edad también le ponía punto y final a lo que hoy le pongo yo.
Al dormir, todas las noches, necesito pensar en algo para conciliar el sueño. Y últimamente, no dejo de pensar en los que me rodean, en los que me quieren y a los que quiero.
Y se me vienen a la cabeza dos palabras: Un mes. En un mes, muchos de nosotros seguiremos construyendo nuestro camino profesional, y ya no nos volveremos a ver hasta nadie sabe cuándo. Y no soy negativa, sino realista. Tampoco positiva.
…
“Esta mañana me levanté, como cualquier día de los que hemos vivido. El primer pie que puse en el suelo, fue el derecho. Mi madre suele decir que da fuerzas para que el día vaya bien. Me miré al espejo justo tras lavarme la cara, y sonreí. Aunque quizás no sea la sonrisa de siempre. Me dirigí a la cocina y encendí la cafetera. La ropa ya la tenía pensada desde hacía mucho tiempo, y no tardé ni cinco minutos en vestirme. En cuanto a pintarme… todos sabemos que cualquier mujer dura unos cuantos minutos, pero en esta ocasión fueron más porque la ocasión lo merecía.
Llamé a una amiga, y le dije que nos veíamos en media hora, que me esperara. Ella siempre me había esperado, ella siempre había estado durante tantos años. Y como ella, otros varios más, que jamás me habían dejado en los malos momentos.
Los recuerdos se me venían a la cabeza mientras cruzaba el paso de peatón. Decidí ponerme los cascos y escuchar esa canción que nos había marcado, esa canción que nos unió a todas mis amigas y a mí. Mi canción favorita.
Olí el aire fresco, este aire que solo se huele y se siente en el Estrecho de Gibraltar, y sonreí. Esta vez fue de verdad, como lo había hecho durante tanto tiempo. Minutos más tarde, después de algunas canciones, estaban mis amigos aquí. He estado mucho tiempo pensando qué deciros en mérito a todo lo que hemos hecho. Hoy os pido a todos que cerréis los ojos y recordéis, o penséis lo que habéis vivido aquí. Parece un lugar insignificante, al que todos tienen asco, incluída yo. Pero, si te paras un momento, un instante, te das cuenta de que aquí has conocido a los que forman parte de tu vida, y seguramente, aquí has conocido a personas muy importantes.
Para terminar, quiero desearos suerte, tanto en vuestra vida como en vuestros estudios. Que luchéis por lo que queréis y proponéis, hasta llegar a conseguirlo. En fin, gracias a todos.”
Esas fueron las palabras que quise decir el día que me gradué, el día que cada uno de mis amigos y compañeros, labraba su camino.
Creedme que de muy pocos volví a saber algo. Los momentos que vivimos juntos, fueron los momentos que me hicieron madurar, tanto los buenos, como los malos. Y si digo que todo fue felicidad, sería una persona falsa, no estaría diciendo la verdad.
Supongo que a día de hoy todos tendrán una familia o, al menos, su vida hecha. Hace tiempo que no sé nada de ninguno de ellos, aunque tuviera contacto con pocos, llegué a perderlo. Y es entonces cuando te das cuenta como de la noche a la mañana lo pierdes todo, acaba todo sin que tú puedas dirigirte a tu habitación, coger tu lápiz favorito del lapicero y poner ese punto y final.
Me gustaría acercarme a mi amiga, saber de su vida, hablar con ella hasta saber dónde está el resto, e ir también a visitarlos. Pero las cosas no son a veces como uno quiere, y yo, que siempre había pensado en casarme con un hombre y hacer mi familia, no lo conseguí.
No siento frío, porque estoy a gusto. Y pocas personas lo están aquí, pero es todo mucho cuento, luego comprendes que no es tan grave ni tan malo como comentan. Nadie sabe lo que daría por oler de nuevo al amargo café del abuelo, porque el aire de mi ciudad moviese mi melena, por ver a esa amiga que siempre llegaba tarde, o simplemente por levantarme con el pie derecho como siempre dijo mi madre.
Desde aquel día, nadie volvió a saber nada más de mí. Ni siquiera yo. Hacía mucho tiempo que se había hablado de que un importante bando de pederastia había escapado de una cárcel de Almería, y quizás estuviesen en la ciudad con la intención de escapar del país cruzando a la mínima de cambio la frontera de Gibraltar.
Y me tocó a mí, como a muchas víctimas más. Mi madre siempre me dijo que me pusiera los cascos de música en casa, que nunca me los pusiera en la calle. Pero yo, para variar, nunca le hice caso. Y ahí fue, mientras iba preparada para pasar uno de los mejores días de mi vida, y mientras cruzaba ese paso de cebra, donde la furgoneta no dudó un segundo en meterme dentro y secuestrarme.
Nadie debe ser digno de acabar con la vida de otra persona sin motivo alguno, ni siquiera con motivo. Mis amigos y mi familia no supieron que había muerto hasta que la policía, años después cerró el caso. Puedo contaros que ellos están en la cárcel, sí, pero sin cadena perpetua. Aunque, eso no quiero comentarlo, porque no merece la pena.
Últimamente solo me dedico a observar desde arriba como está mi madre, y, por suerte o por desgracia, han pasado muchos años y pronto estaremos juntas aquí, en este lugar tan mágico.
El día de la graduación, seguro que fue increíble para todos mis compañeros.
Doy por hecho que jamás se olvidarán de la gala, de la cena, de la fiesta. Y os aseguro que no me equivoco.
…
Solían decirme que cuando una etapa termina, comienza otra. Quizás sea así, o quizás no. Hay cosas que terminan, y no vuelven a empezar.
Y yo no tuve una despedida, como siempre pensé que debía tener un final. Así que, desde aquí os digo que no creáis en los finales.  Ningún final existe, si vosotros no lo permitís.
Y mi final no ha acabado, porque estaré aquí por los siglos de los siglos. Punto y seguido.
                                                                                                                
                                                                                                             Blanca Bernal Mesa



¿ QUIÉN VIVE AHÍ?


Hace años que la casa de Juan está vacía, Es una casa grandísima, casi ocupa la mitad de mi calle. Tiene tres plantas y grandes ventanales con unas gruesas cortinas aterciopeladas de color rojo. En el balcón principal del segundo piso, se encuentra  un gran cartel de color naranja donde pone ``Se vende", acompañado con un número de teléfono bastante extraño, puesto que no conozco nigún número de teléfono que empiece por el 4.
Según cuentan personas que han llegado a entrar en ella, la decoración y  mobiliario  son del siglo xv. La casa tiene unas largas escaleras en forma de caracol  cuyos peldaños, cuando los pisas, suenan como si un millón de grillos chillasen a la vez,pero solo son rumores porque la gente habla mucho. También oí una conversación de la vecina del quinto con mi madre y le contó que su sobrino compró la casa y que al poco tiempo toda la familia murió de manera inesperada, aunque creer a una vieja con cerca de 90 años cuesta. 

 Hacía años que no me interesaba por esa casa. Tenia mejores cosas que hacer, aunque siempre pensé que algo de misterio tenía. Nadie llamaba a su timbre, no echaban cartas en el buzón, y todo esto cuando aún vivía gente en ella. Ahora está vacía o, por lo menos, eso pensaba hasta que la otra noche, a eso de la 12, me desperté y en uno de los balcones de la segunda planta vi un destello  de luz muy leve, puesto que  las gordas cortinas me impedía ver la luz en su totalidad y no me dejaban ver quién había tras las cortinas,cosa  que volvió a despertar mi curiosidad por ella. Le conté todo a mis mejores amigos Marcos y Carmen, dos chicos muy extrovertidos y sin miedo a casi nada. Ellos me dijeron que era imposible, que esa casa estaba abandonada hacía años.
 Pasaron dos semanas y no volví a ver nada extraño,  así que me olvidé del tema. Mi madre me avisó de que se iría de viaje unos días. No dudé en llamar a Marcos y Carmen para que durmieran esos días en mi casa, pues mamá no estaba. Me desvelé como de costumbre y volví a ver la luz, esta vez en unas de las ventanas de la tercera  planta. Llamé rápidamente a mis amigos y les enseñé que lo  que yo vi había sido verdad. Ellos, boquiabiertos, decidieron llamarar a la puerta para ver quien abría. Yo no estaba muy convencido, pero la curiosidad se apoderaba de mí, por lo que también acepté. Marcos llamó  y la campana sonó tan fuerte que parecía que había caído una bomba. Todo esto sucedió sobre las 1 y media de la noche. La luz se apagó y nada pasó, pero justo cuando estábamos apunto de darnos la vuelta, la puerta se abrió sola. Marcos, haciéndose el valiente, entró. Carmen y yo le seguimos. Todo estaba oscuro y gracias a la poca luz que entraba por el exterior pudimos ver donde se encontraba el interruptor ,y le dimos. La casa se encendió y lo que nuestros ojos vieron fue espectacular: un decorado del s.xv. La gente tenia razón.De repente, hubo un apagón y la casa volvió a quedar a oscuras. Me acerqué a darle de nuevo al interruptor y, cuando la luz volvió, me encontraba solo, conmigo no había nadie. El miedo me paralizó, quería correr, pero mis piernas no me lo permitieron y caí al suelo. 

Cuando desperté eran las 12 de la mañana y pensé que todo había sido una pesadilla , sin embargo  no fue así, pues me encontraba en en el sillón del gran salón de la casa. Intenté huir, pero me era imposible. Todo estaba cerrado, así que retiré las cortinas y permití que la luz de la mañana entrara por esos ventanales. Rápidamente, me dispuse a buscar a mis amigos y empecé por la parte de abajo. Allí me encontré con un patio enorme con muchas estatuas y cada una de ellas con una fecha. Me llamó la atención una en especial, la de un hombre llamado Juan y con la fecha de 2010 fecha en la que Juan se marchó de esa casa. Mis amigos no estaban allí. Subí a la segunda planta y entré en una de las 4 habitaciones que había. Abrí un cajón y me encontré con un montón de cartas, pero no me podía entretener en leerlas tenia que encontrar a Marcos y a Carmen. Escuché un ruido que provenía de la tercera planta. Me armé de valor y subí. Marcos y Carmen se había convertido en estatuas.

 La noche llegó y seguía buscando una salida porque ya no hacía nada ahí. De pronto, una ráfaga de aire me dio en la nuca, me giré hacia atrás y había una ventana abierta por donde logré escapar. 

A  la mañana siguiente, asomado a la venta y lleno de miedos y curiosidades, vi en la ventana de la casa a un hombre alto delgado todo vestido de negro y riendo fuertemente. Actualmente me he mudado de la  casa y ahora estoy a las afuera de la ciudad, pero el otro día paseando me pareció ver a aquel hombre de negro. Entonces entendí que ese hombre necesitaba vidas de otras personas para poder ser una persona inmortal. 

Ahora, millones de preguntas rondan por mi cabeza:  ¿qué habrá sido de Marcos y Carmen ? ¿ Por qué no fui convertido en estatua ? ¿ Qué esconde realmente esa casa ?

                                                                                                        
                                                                                                                        Salvador Mafe Matín